LIBRO TERCIOPELO DE ZARA DEVEREUX PDF

Enric Granados, Pero no con ella. Admiro esa bien torneada cabeza, el cabello rubio platino, los anchos hombros, la fina cintura y las estrechas caderas, y en cuanto a su culo, sus huevos y su polla, merecen un diez sobre diez. Los pezones de Karen se endurecieron al frotarse contra el fino tejido de la blusa.

Author:Toshura Tajar
Country:Bahamas
Language:English (Spanish)
Genre:Health and Food
Published (Last):18 May 2017
Pages:391
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ISBN:282-4-20346-842-8
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Enric Granados, Impreso en Litografa Roses, S. Progrs, Tienes que aceptar ese trabajo? Por qu no vienes con nosotros? Karen mostr una amplia sonrisa, consciente de que esa estratagema obraba maravillas tanto con las estudiantes como con las profesoras. Pero no con ella. Saba que su relacin se basaba nicamente en la lujuria.

La agona de suspirar por aquel muchacho guapo e irresponsable no era para ella, ni los ataques de celos o la dolorosa espera de unas llamadas telefnicas que rara vez tenan lugar. Gracias a Dios que no me afecta de ese modo -se dijo, reclinndose contra los cojines de pana de la barca mientras l la impulsaba sobre la plcida superficie del ro Cherweil-. Admiro esa bien torneada cabeza, el cabello rubio platino, los anchos hombros, la fina cintura y las estrechas caderas, y en cuanto a su culo, sus huevos y su polla, merecen un diez sobre diez.

Est bronceado y dotado de un cuerpo musculoso, pero no estoy enamorada de l, sea lo que sea lo que eso significa. Cada vez que lo haca despeda una brillante cascada de diamantinas gotas. La mir con sus ojos azul plido ribeteados de pestaas rubias.

Estaba sudando, aunque no haca mucho que haban salido. Karen estaba segura de que el calor que emita su cuerpo tena relacin con el hecho de que ella se hubiera mojado la fina falda de algodn al subir a la barca; se le haba pegado y marcaba los contornos de sus piernas. Con una sonrisa en los generosos labios, Karen pos deliberadamente la mirada en el bulto que presionaba contra la bragueta de sus vaqueros, y luego la alz hasta su rostro.

Tan concentrado estaba l en adivinar el oscuro tringulo situado donde confluan los muslos de la chica que casi perdi el precario equilibrio que mantena en la popa de la embarcacin. Le encantaba ver cmo trataba de impresionarla y percibir la incomodidad de su hinchada verga comprimida por los Levis.

Jeremy Hurst-Pemberton, popular atleta y campen de remo, el nio mimado del campus, perseguido por una horda de decrpitas mujeres, lo haba intentado todo para conquistarla.

Ramos de flores, cenas con champn, paseos en su Ferrari descapotable, e incluso un largo fin de semana en el castillo escocs de su aristocrtico padre. Sonri ante esa expresin tan pasada de moda. Le traa vagas reminiscencias de relatos Victorianos, salpicadas de romanticismo, flores, carabinas y doncellas ruborizadas. La realidad haba sido muy distinta.

Karen lo haba seducido tras una selecta cena ofrecida por un profesor de la universidad y su esposa, cuyas veladas eran clebres en los crculos acadmicos por la cocina y la interesante conversacin.

Haba sido ella quien lo haba llevado hasta su habitacin, despojado del esmoquin, arrastrado hasta la cama y enseado cmo satisfacerla. Record que la haba decepcionado. Aunque gozaba de fama de semental, sus conocimientos sobre la sexualidad femenina haban resultado deplorables. Y de hecho no haba mejorado mucho a ese respecto, pues necesitaba que le recordasen continuamente que no se precipitase.

Jeremy dirigi la embarcacin hasta un recodo apartado del ro casi enteramente oculto por las ramas colgantes de unos sauces. Tras recoger la prtiga y asegurar la amarra, se desliz hasta donde Karen se hallaba. Pos una mano en su rodilla y recorri la pierna bajo la falda en direccin al hmedo y mullido sexo. Estaba ansioso de tantear la entrada al centro de su ser, pero Karen cerr las piernas, pues an no se hallaba preparada.

Jeremy siempre se precipitaba y le sobaba los pechos o le acariciaba, sin ms prembulos, el cltoris. Decidi hacerle esperar. Se incorpor y, tras arrancarse la cinta que sujetaba su cabello, agit la voluptuosa cascada de rizos para que le cayera sobre los hombros y la espalda. Jeremy la observaba morderse el labio con frustracin. Se pareca a las mujeres de los relatos de Rossetti: alta, de pechos generosos, con una belleza casi brbara, un aura extica que llamaba la atencin dondequiera que fuese y produca admiracin, envidia, incluso disgusto, pero jams indiferencia.

Aunque la conoca carnalmente y se haba visto arrastrado a la vorgine de sus tumultuosos orgasmos, todava se estremeca con una especie de asombro reverente cuando estaba cerca de ella.

Se senta hipnotizado por la fragancia que emanaba de su piel, atemorizado por el salvaje brillo de sus ojos verdes, subyugado por su inteligencia y punzante sarcasmo. Karen era lista, ingeniosa y segura de s misma; un espritu libre que no tomaba prisioneros. Jeremy no tena ms que mover el dedo meique para atraer a un enjambre de chicas que le rogaban que las maltratara; lo adulaban, le hacan sentir macho y viril, pero ninguna le resultaba tan excitante como Karen.

Ella era como una droga potente, demasiado poderosa excepto para aquellos que posean una fuerte personalidad. La necesidad de convencerse de que poda domarla le obligaba a intentarlo una y otra vez. Cogi la manta de tartn que guardaba bajo el asiento, descendi a la orilla y le tendi una mano a Karen. Los sauces formaban un refugio perfecto; la manta extendida sobre la hierba invitaba a la fornicacin.

Karen se acost sobre ella, entrelaz las manos detrs de la cabeza y observ los destellos que se filtraban entre las ramas. Cmo le gustaba el verano; se senta aptica y abatida durante los lluviosos y montonos das invernales, pero en la poca estival la energa corra por sus venas, revitalizndola, fluyendo como mercurio por sus nervios, inflamando sus sentidos. Su mirada se centr en Jeremy, que yaca junto a ella apoyado sobre un codo. Ella volvi la cabeza y sus lenguas se encontraron. Los pezones de Karen se endurecieron al frotarse contra el fino tejido de la blusa.

Sus besos la excitaron y los fluidos comenzaron a brotar de la vagina, impregnando el aire con su aroma dulzn y almizclado.

Quiz Jeremy no fuera el amante ideal, pero en la tarde flotaba una bruma dorada y una perezosa languidez. El murmullo del agua, el susurro de las hojas, el canto de los pjaros y las distantes voces de otros paseantes en barca se combinaban para hacer nacer en ella un profundo anhelo de plenitud, y sinti que una creciente palpitacin se concentraba en su ingle.

Si hubiera estado sola se habra recogido la falda, bajado las bragas y jugueteado con el cltoris, acaricindolo hasta alcanzar el climax de esa forma tan satisfactoria que ningn hombre haba an superado. Sospechaba que quiz una mujer podra hacerlo, pero todava no lo haba probado y se limitaba a fantasear sobre ello cuando se masturbaba. Se relaj en los brazos de Jeremy y ste descendi para atrapar un pezn en la boca y succionarlo a travs de la tela hasta que se endureci y adopt la forma de una pequea y ansiosa cumbre.

Ella apret los dientes, cerr los ojos y contuvo el aliento para disfrutar la deliciosa friccin de la lengua de Jeremy. Con una mano le acarici los vaqueros, recorriendo la larga y erecta forma del pene que palpitaba con ansia. Con suavidad pero con firmeza, Karen desabroch el botn metlico de la cintura y asi entre el pulgar y el ndice el cierre de la cremallera, que desliz con provocativa lentitud, hasta liberar el latente miembro que emergi y anid en su palma.

Cerr la mano en torno a l, presion ligeramente y la desliz con ternura, disfrutando de la sensacin que le produca la hmeda, clida y vibrante verga que se mova como si tuviera vida propia, como un ente aparte del propio Jeremy. No llevaba sujetador y los pechos aparecieron desnudos ante su mirada, hermosos tanto en la forma como en la textura, firmes, turgentes y ligeramente bronceados, con dbiles venitas azuladas y deliciosos pezones aureolados de un tono ms oscuro.

Sopes el seno derecho con una mano y traz crculos con el pulgar en torno al tenso pezn. Entonces inclin la cabeza y lo rode con la boca, para lamerlo y chuparlo antes de continuar con el otro pecho, mientras Karen suspiraba agradecida por tal tributo, que le resultaba irresistible y haca que el cltoris palpitara de dolor. Movi las caderas, tratando de cerrar los labios internos y presionar as el botn erecto. Jeremy respondi a sus anhelos; desliz una mano desde la cintura, atravesando la plana superficie del vientre, y la introdujo bajo las bragas para bajarlas.

Karen patale hasta quitrselas y Jeremy acarici el tringulo de castao y abundante vello pbico y desliz un dedo en la abertura oculta. Karen mantuvo los ojos cerrados; su mano suba y bajaba en torno al henchido falo, aunque era consciente de que no deba excitarlo demasiado o Jeremy perdera la paciencia y la penetrara, olvidando que tambin ella necesitaba un orgasmo.

Lentific el movimiento y lo acarici con mayor suavidad, aunque perdi la concentracin mientras esperaba conteniendo el aliento a que l la excitara. Jeremy jadeaba mientras jugueteaba con los pechos y sumerga un dedo en la olorosa y hmeda cavidad de la vulva. Luego, una vez lubricada, ascendi por la hendidura para frotar con ternura la sensitiva piel del cltoris. Karen sinti que el placer creca en espiral cuando l aplic al dedo el rtmico y resbaladizo movimiento que tan desesperadamente precisaba ella para trasponer el lmite del goce.

El placer se increment, ms y ms, y estall en oleadas que se sobreponan unas a otras con mayor intensidad. As, as! No pares! Estaba alcanzando la cumbre. Not la creciente humedad de su vagina.

La sensacin de xtasis se apoder de ella y la recorri un hormigueo desde los dedos de los pies hasta el ltimo rincn del cerebro, glorioso alivio provocado por ese minsculo rgano que exista tan slo para el placer, su precioso, deleitable, maravilloso cltoris. Jeremy empuj entre los relajados msculos de Karen y el grueso miembro se hundi hasta el escroto en las clidas y convulsas profundidades. Despus de un par de potentes arremetidas, ella sinti la contraccin de la verga cuando lleg al climax mientras la presionaba con fuerza contra l.

Tras unos instantes, Karen se liber de su peso y se movi hasta quedar tendida con un brazo cubrindole el rostro. La recorri una sensacin de plenitud y bienestar cuando los ondulantes espasmos de placer cesaron y qued relajada y momentneamente saciada. Sus pensamientos vagaron sin rumbo preciso. En su mente flotaron fragmentos de melodas, ideas, planes. Era consciente de los encantadores sonidos de la naturaleza, del gorgoteo del ro, del bullicioso piar de una garceta que llamaba a sus suaves y negros polluelos.

Verano en Inglaterra, y dnde iba a ser ms adorable que en el mgico Oxford? Al mismo tiempo se percataba de los jugos que le humedecan los muslos y los fruncidos pliegues de la vulva. Ola el acre y viril sudor de Jeremy mezclado con su familiar fragancia femenina que se semejaba al aroma de las algas y conchas marinas. Sexo, crudo y salvaje.

Sexo y nada ms que sexo. Sinti una punzada de prdida, de remordimiento. Acaso no haba nada ms? La poesa, la msica, las grandes obras de artel todas ellas hablaban de algo profundo y significativo. Siempre que escuchaba una sinfona o una pera senta un nudo en la garganta y los ojos se le llenaban de lgrimas.

Pero an no haba encontrado ese elusivo elemento, esa sensacin arrebatadora, en sus relaciones con los hombres, a pesar de que su experiencia era considerable. Exigente y caprichosa, haba aplicado sus talentos a experimentar con varios amantes, que ella haba elegido cuidadosamente, pero, incluso as, ninguno la haba llevado ms all de la satisfaccin de sus anhelos carnales.

Pareca sufrir un bloqueo emocional. Algunos hombres la tildaban de fra, pero ella saba que no era cierto. Al contrario, era demasiado sensible, demasiado vulnerable, y eso la haca temer bajar las defensas.

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