LOS HERMANOS KARAMAZOV EL GRAN INQUISIDOR PDF

El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora. En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor.

Author:Maushicage Goltiktilar
Country:Saint Lucia
Language:English (Spanish)
Genre:Software
Published (Last):15 January 2011
Pages:342
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ISBN:188-1-91380-929-2
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La acciуn se desarrolla en el siglo diecisйis, йpoca en que, como sabes, existнa la costumbre de hacer intervenir en los poemas a los poderes celestiales. No me refiero a Dante. En Francia, los cleros de la basoche y los monjes daban representaciones teatrales en las que aparecнan la Virgen , los бngeles, los santos, Cristo y Dios Padre. Estos espectбculos eran por demбs ingenuos.

En esta obra aparece la Virgen y emite su bon jugement. En Moscъ se daban de vez en cuando representaciones de este tipo, tomadas especialmente del Antiguo Testamento, antes de Pedro el Grande. Ademбs, circulaban una serie de relatos y poemas en los que aparecнan los santos, los бngeles y todo el ejйrcito celestial.

En nuestros monasterios se traducнan y se copiaban esos poemas, a incluso se componнan algunos originales, todo ello durante la dominaciуn tбrtara. La Virgen visita el infierno, conducida por el arcбngel San Miguel. La Virgen ve a los condenados y sus tormentos. Le llama la atenciуn una categorнa de pecadores muy interesante que estб en un lago de fuego.

Algunos se hunden en este lago y no vuelven a aparecer. La Virgen , desconsolada, cae de rodillas ante el trono de Dios y pide gracia para todos los pecadores sin distinciуn que ha visto en el infierno. Su diбlogo con Dios es interesantнsimo. Mi poema habrнa sido algo asн si lo hubiese concebido en aquella йpoca. Dios aparecerнa y se limitarнa a pasar sin decir nada. Y la humanidad le espera con la misma fe de antaсo, una fe mбs ardiente todavнa, pues hace ya quince siglos que el cielo no ha cesado de conceder gajes al hombre.

Pero el diablo no dormнa: la humanidad empezaba a dudar de la autenticidad de tales prodigios. Entonces naciу en Alemania una terrible herejнa que negaba los milagros. Con ello se acrecentу la fe de los fieles. Las lбgrimas de la humanidad se elevaban a Dios como en otras йpocas: se le esperaba, se le querнa, se cifraban en Йl todas las esperanzas como en otros tiempos Antes habнa visitado ya a justos y mбrtires, a santos anacoretas, segъn cuentan los libros.

No, no ha venido asн; ha venido a ver a sus niсos, precisamente en los lugares donde crepitan las hogueras encendidas para los herejes. En su misericordia infinita, desciende a mezclarse con los hombres bajo la forma que tuvo durante los tres aсos de su vida pъblica.

Vedlo en las calles radiantes de la ciudad meridional, donde precisamente el dнa anterior el gran inquisidor ha hecho quemar un centenar de herejes ad majorem Dei gloriam, en presencia del rey, de los cortesanos y los caballeros, de los cardenales y las mбs encantadoras damas de la corte.

Ha aparecido discretamente, procurando que nadie lo vea, y, cosa extraсa, todos lo reconocen. Explicar esto habrнa sido uno de los mбs bellos pasajes de mi poema. Atraнdo por una fuerza irresistible, el pueblo se apiсa en torno de Йl y sigue sus pasos. El Seсor se desliza en silencio entre la muchedumbre, con una sonrisa de infinita piedad. Su corazуn se abrasa de amor, en sus ojos resplandecen la luz, la sabidurнa, la fuerza.

Su mirada, radiante de amor, despierta el amor en los corazones. El Seсor tiende los brazos hacia la multitud y la bendice. El contacto con su cuerpo, incluso con sus ropas, cura todos los males. El pueblo derrama lбgrimas de alegrнa y besa el suelo que Йl va pisando.

Los niсos arrojan flores en su camino. La muerta estб cubierta de flores. De pronto, la madre lanza un grito y se arroja a los pies del Seсor. La muerta, despuйs de incorporarse, queda sentada y mira alrededor, sonriendo con un gesto de asombro. En su mano se ve el ramo de rosas blancas que han depositado en su ataъd. Entre la multitud se ven rostros pasmados y se oyen llantos y gritos. Es un anciano de casi noventa aсos, rostro enjuto y ojos hundidos, pero en los que se percibe todavнa una chispa de luz.

Ya no lleva la suntuosa vestidura con que se pavoneaba ante el pueblo cuando se quemaba a los enemigos de la Iglesia romana: vuelve a vestir su viejo y burdo hбbito. A cierta distancia le siguen sus sombrнos ayudantes y la guardia del Santo Oficio. Se detiene y se queda mirando desde lejos el lugar de la escena.

Lo ha visto todo: el ataъd depositado ante El, la resurrecciуn de la muchacha Su semblante cobra una expresiуn sombrнa, se fruncen sus pobladas cejas y sus ojos despiden uсa luz siniestra. Seсala con el dedo al que estб ante el ataъd y ordena a su escolta que lo detenga. Tanto es su poder y tan acostumbrado estб el pueblo a someterse a su autoridad, a obedecerle temblando, que la muchedumbre se aparta para dejar paso a los esbirros.

En medio de un silencio de muerte, los guardias del Santo Oficio prenden al Seсor y se lo llevan. Se conduce al prisionero a la vieja y sombrнa casa del Santo Oficio y se le encierra en una estrecha celda abovedada.

Se acaba el dнa, llega la noche, una noche de Sevilla, cбlida, bochornosa. El aire estб saturado de aromas de laureles y limoneros. En las tinieblas se abre de sъbito la puerta de hierro del calabozo y aparece el gran inquisidor con una antorcha en la mano. Llega solo. La puerta se cierra tras йl.

Se detiene junto al umbral, contempla largamente la Santa Faz. Demasiado lo sй. No tienes derecho a aсadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste en otro tiempo. Porque tu llegada es para nosotros un trastorno, bien lo sabes. Ignoro quiйn eres. No quiero saberlo. Maсana te condenarй y morirбs en la hoguera como el peor de los herejes.

Y los mismos que hoy te han besado los pies, maсana, a la menor indicaciуn mнa, se aprestarбn a alimentar la pira encendida para ti. Tal vez lo sepas. Ivбn se echу a reнr. Puedes elegir la soluciуn que quieras. Verdad es que mi inquisidor tiene noventa aсos y que sus ideas han podido trastornarle hace ya tiempo.

Tal vez es un simple desvarнo, una quimera de viejo prуximo a su fin y cuya imaginaciуn estб exacerbada por su ъltimo auto de fe. Pero que sea quid pro quo o fantasнa poco importa. Lo importante es que el inquisidor revele al fin su pensamiento, que manifieste lo que ha callado durante toda su carrera. El anciano es el primero en advertirle que no tiene derecho a aсadir una sola palabra a las que pronunciу en tiempos ya remotos.

No vengas a molestarnos, por lo menos antes de que llegue el momento oportuno. Yo la he leнdo en sus teуlogos. Todas tus nuevas revelaciones supondrнan un ataque a la libertad de la fe, ya que parecerнan milagrosas.

Y Tъ, hace quince siglos, ponнas por encima de todo esta libertad, la de la fe. Nuestro trabajo ha sido rudo y ha durado quince siglos, pero al fin hemos logrado instaurar la libertad como convenнa hacerlo. Me miras con dulzura y ni siquiera me haces el honor de indignarte. Pues has de saber que jamбs se han creнdo los hombres tan libres como ahora, aun habiendo depositado humildemente su libertad a nuestros pies.

En realidad, esto ha sido obra nuestra. El anciano se jacta de haber conseguido, en uniуn de los suyos, suprimir la libertad para hacer a los hombres felices. Se te advirtiу, los consejos no te faltaron; pero Tъ no hiciste caso: rechazaste el ъnico medio de hacer felices a los hombres. Afortunadamente, al marcharte dejaste en nuestra mano tu obra.

Nos concediste solemnemente el derecho de hacer y deshacer. Supongo que no pretenderбs retirбrnoslo ahora. No se podнa decir nada mбs agudo que lo que se te dijo en las tres cuestiones o, para usar el lenguaje de las Escrituras, tres tentaciones que Tъ rechazaste.

No ha habido en la tierra milagro tan autйntico y magnнfico como el de estas tres tentaciones. El simple hecho de plantearlas constituye un milagro. Supongamos que hubieran desaparecido de las Escrituras y que fuera necesario reconstituirlas, idearlas de nuevo para llenar este vacнo.

Estas tres proposiciones bastan para demostrar que te hallabas ante el Espнritu eterno y absoluto y no ante un espнritu humano y transitorio. Pues en ellas se resume y se predice toda la historia futura de la humanidad. En estas tres tentaciones estбn condensadas todas las contradicciones indisolubles de la naturaleza humana. Entonces no era posible advertirlo, ya que el porvenir era un misterio; pero ahora, quince siglos despuйs, vemos que todo se ha realizado hasta el extremo de que es imposible aсadirles ni quitarles una sola palabra.

Ya me dirбs quiйn tiene razуn, si Tъ o el que te interrogaba. Acuйrdate de la primera tentaciуn, no de las palabras, sino del sentido. Quieres ir por el mundo con las manos vacнas, predicando una libertad que los hombres, en su estupidez y su ignominia naturales, no pueden comprender; una libertad que los atemoriza, pues no hay ni ha habido jamбs nada mбs intolerable para el hombre y la sociedad que ser libres.

Conviйrtelas en panes y la humanidad seguirб tus pasos como un rebaсo dуcil y agradecido, pero, al mismo tiempo, temeroso de que retires la mano y se acaben los panes. No quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposiciуn, considerando que era incompatible con la obediencia comprada con los panes. En su lugar se levantarб un nuevo edificio, una segunda torre de Babel, que sin duda no se terminarб, como no se terminу la primera.

Habrнas podido evitar a los hombres esta nueva tentativa y miles de aсos de sufrimiento.

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Los hermanos Karamazov - "El Gran Inquisidor"

Tygogal He was educated at home and at a private school. Han iluminado, indignado, provocado y consolado. Unsurprisingly, it was incredibly well written. Return to Book Page.

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